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LA NAVIDAD
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Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros »
Si el tiempo de
Adviento nos hace suspirar por el doble advenimiento del Hijo de
Dios, el de Navidad celebra el aniversario de su nacimiento en
cuanto hombre, y por lo mismo nos prepara a su venida de Juez.
Desde Navidad sigue la Iglesia paso por paso a Jesucristo en su
obra redentora. Así, nuestras almas, aprovechándose de todas
las gracias que de todos los misterios de su vida fluyen, sean,
como dice San Pablo, « la esposa sin mácula, sin arruga, santa
e inmaculada », que podrá presentar Cristo a su Padre cuando
vuelva a buscarnos al fin del mundo.
La liturgia
celebra la manifestación al pueblo Judío (Natividad, 25 de
diciembre) y al gentil (Epifanía, 6 de enero) del Gran
Misterio de la Encarnación, que consiste en la unión en
Jesús del Verbo, « engendrado de la substancia del Padre antes
que todos los siglos » , con la humanidad, « engendrada de la
substancia de su Madre en el Mundo » . Y ese Misterio se
completa mediante la unión de nustras almas con Cristo, el cual
nos engendra a la vida divina.
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